lunes, 24 de enero de 2011

Caminos de libertad. Tras un nuevo periodismo


Griñón. Ángel Villacañas.- Wikileaks lo cambió todo. El periodismo ya nunca será igual a partir de ahora. La revelación de los secretos de los más importantes estados del planeta ha conmovido los cimientos y las estructuras de los medios de comunicación tradicionales. Los ciudadanos han invadido los espacios acotados a las empresas de comunicación y al poder. Wikileaks ha sacado a la luz cientos de miles de documentos que ponen en apuros a los políticos de todo el mundo y los ha puesto a disposición de los ciudadanos a través de cinco de los más importantes periódicos del panorama internacional, entre ellos El País.

Un grupo de prestigiosos periodistas han analizado en CaixaForum las implicaciones y consecuencias que supondrá para el periodismo el affaire Wikileaks. Y hay opiniones para todos los gustos. Javier Bauluz, premio Pulitzer y director del diario digital Periodismo Humano, cree que todo cambia tras la “bomba” que hizo estallar Julian Assange y que el panorama mundial del periodismo será ya otro y que a partir de ese momento ha mutado en otro ecosistema diferente. El periodista y bloguero Ignacio Escolar, moderador del debate, está de acuerdo con Bauluz e, incluso, dice que “esto demuestra el lamentable estado de los medios de comunicación”. Otros periodistas participantes en el debate –Javier Moreno, Borja Bergareche, Gilles Tremlett y Alicia G. Montano– opinaron de forma más conservadora aunque ninguno negó la nueva realidad que se configura tras Wikileaks.

La realidad no puede discutirse y las cartas de las nuevas estructuras de la información y del periodismo ya han sido marcadas. Los cambios, que tendrán lugar más pronto que tarde, que de alguna forma ya han comenzado, son de una envergadura de tal calibre que, efectivamente, ya nada será igual a partir de ahora. Habrá cambios en la forma de organizar las redacciones de los medios de comunicación; los habrá también –los hay ya, de hecho– en la forma de recibir la información y en las fuentes de los periodistas; los habrá, y muy importantes, en la relación que existe entre el poder y los medios; finalmente, habrá cambios fundamentales –ya han comenzado– en la confluencia de intereses entre los medios y los ciudadanos.

Todo ello nos lleva a algunas preguntas que es necesario responder antes de abrir las puertas al futuro: ¿Cómo evolucionará profesionalmente este nuevo periodismo? ¿Las nuevas fuentes de la información, difíciles de controlar, son fiables? ¿Qué pasará entre el poder y los medios de comunicación y entre éstos y los ciudadanos? Para finalizar, ¿Se trata realmente de periodismo o es otra cosa?

Nadie sabe exactamente cómo evolucionará la profesión periodística en este futuro-presente de formatos digitales y de información instantánea y global. Pero lo que sí se intuye es que están llegando a su fin los tiempos en los que el poder económico y político se blindaba con las grandes empresas de comunicación en un círculo diabólico en el que los primeros reforzaban su poder y las segundas aumentaban sus beneficios. De ahí que los medios de comunicación estaban más atentos al negocio y cada vez más lejos de los ciudadanos. Eso cambiará o, en caso contrario, los ciudadanos se divorciarán de los medios y buscarán –quizás ya las estén buscando– otras plataformas informativas más cercanas a sus intereses. Los lectores ya no serán nunca más sólo lectores, exigirán parcelas de libertad para constituirse ellos mismos en la voz que necesita oírse. Entre los medios y los lectores –los ciudadanos– necesariamente surgirá una relación de igual a igual, un diálogo constante, directo y casi personal.

Las nuevas fuentes, más globales, quizás más anónimas, y con seguridad más participativas que las tradicionales, no tienen por qué ser menos fiables. Será necesario implementar nuevos sistemas para que la información que suministran las fuentes sea no sólo fiable sino cierta. Pero esos sistemas no pasan por controlar a las fuentes sino por integrarlas en el proceso de la recepción de la información, de la creación y difusión de las noticias. Las fuentes del nuevo periodismo de la Red deberán ser elemento activo del proceso periodístico y con bastante probabilidad estarán constituidas por los propios ciudadanos.

Parece que por los caminos de Internet, de los blogs, del nuevo periodismo de la Red, se acercan nuevos y amplios espacios de libertad, donde los ciudadanos encontrarán más y mejores respuestas informativas que atenderán más directamente a sus intereses personales y sociales. Estos caminos estarán llenos de peligros y de trampas, de curvas y de baches y, algunas veces, llegarán a ser tortuosos para los nuevos periodistas, sufridos caminantes en busca y captura de la información y de la verdad. Pero, al socaire de un periodismo más democrático, más libre y más humano, merecerá la pena emprender, aún con dudas, el camino.






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